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lunes, 22 de abril de 2024 00:17h.

Quiero ser famoso

Cuando les preguntan a los niños qué quieren ser de mayores, muchos responden que les gustaría ser famosos. Como si alcanzar la fama fuese una profesión en sí misma y la mejor forma de realización personal. No es extraño que, en la actualidad, conseguir éxito individual y, por tanto, aparentar felicidad, dependan de si eres famoso o famosa.

La cultura del esfuerzo desaparece a cambio de un ideal basado en ganar dinero, no por tus méritos ni por el esfuerzo que has empleado, sino por la rentabilidad de tu perfil en las redes sociales.

Vender una imagen pública de tu vida, de lo que piensas y de lo que haces, es una frivolidad que sirve para arrastrar a seguidores que ansían lo mismo que tú. Momentos de gloria banal en el espejo de una sociedad que se copia para generar copias y más copias, sin pararse a pensar en el sinsentido de una fama inútil y pasajera. Pero nada nuevo bajo el sol, porque nuestro deseo íntimo de obtener reconocimiento de los demás y ahora amplificado en la era de la digitalización, ocupa y preocupa en todos los ámbitos de una existencia que sobrevaloramos.

Por eso, la ambición del presidente que quiere serlo contra viento y marea, o la del que quiere pasar a la historia como líder de la independencia de su región/país son equiparables a la de la actriz o el futbolista que luchan contra el paso del tiempo. La obsesión por el prestigio no conoce límites y si lo has conseguido a nivel local, luego querrás que te otorguen los honores de la nación para de inmediato subir a nivel mundial y universal.

Y no para, porque además queremos perdurar, dejar huella, permanecer de algún modo, ser imprescindibles a la fuerza, como cualquier dictador que asesina para huir de sus propios complejos.