Seis razones para no saber a quién votar y una conclusión.
1.- Problemas en la Rojosfera. Fuentes fiables indican que el tardosanchismo ha decidido incinerar a Ábalos en la hoguera de las vanidades. Los siguientes en la lista de quemados podrían ser Ángel Víctor Torres, Francina Armengol y Salvador Illa. Mientras tanto, Felipe González y Alfonso Guerra maniobran para convencer a alguien de que se atreva a liderar los restos del cadáver del PSOE.
2.-En el PP, sin embargo, todo son buenas noticias. Alberto Nüñez Feijóo, aburrido de Madrid y con ganas de volver a Galicia, y su portavoz parlamentario, Miguel Ángel Tellado, hacen lo imposible porque Isabel Díaz Ayuso ascienda de una vez al lugar que le tiene reservado la historia, que no es otra cosa que inaugurar una estatua de sí misma acompañada de su consejero espiritual, el inefable MAR (Miguel Ángel Rodríguez) siempre que dicho monumento se ubique enfrente de algún bar de cañas.
3.-En cuanto a VoX, se ha sabido que los invitados a sus fiestas no son los únicos que aparecen y desaparecen, sino que hasta los dueños de las casas donde se celebran esos orgiásticos encuentros también se evaporan. Alguien ha llegado a asegurar que vio a Santiago Abascal con sus propios ojos llegar montado en un caballo volador y aterrizar en un helipuerto que luego sirvió como plaza de toros provisional para lidiar al toro Alvise, la excrecencia populista que quiso acabar con la fiesta para montarse la suya propia.
4.-Menos mal que nos queda Yolanda Díaz que ha revolucionado el mundo de las matemáticas con su acento cariñosiño, y aspira al premio Nobel por hacer que, a partir de ahora, Sumar signifique restar y después dividir. Ese amor que imparte cátedra desde la suficiencia y que utiliza el tono suave de “te lo digo y lo hago por tu bien” y que esconde un fondo de pura intransigencia.
5.-Por último, el partido más endogámico de todos, Unides Podemos, fieles seguidores de la sentencia de Oscar Wilde que rezaba “Todo en la vida es sexo, menos el sexo: el sexo es poder”. Irene Montero e Ione Belarra, tejen y destejen los hilos de una trama de pasiones de telenovela que parece agotar su última temporada. Al igual que VoX, sus fundadores ya no salen en la foto, y como los extremos que se tocan, rivalizan en oportunismo político, canibalizando a los esperanzados y luego cruelmente decepcionados círculos que parió el enternecedor 15-M.
6.- Pero como olvidarse de los partidos periféricos y de ultramar, nacionalistos de antiguo y nuevo cuño, comerciantes que mercadean con sus apegos y desapegos al gobierno central, creadores de sueños independentistas que no se creen ni ellos, chiringuitos autonómicos que maman de la teta estatal y europea, localismos subvencionados que emocionan con el sentimiento orgulloso de la patria chica, que cargan con el complejo del colonizado, invadido, conquistado. Lobos disfrazados de corderos que se dicen engañados cuando el engaño es el deporte que mejor se imita y se practica.
7.- Conclusión: El arte de la política no ha cambiado tanto como pensamos, solo cambian las épocas y sus protagonistas. Su modus operandi bebe de la sociedad y el mundo que les ha tocado vivir y los ciclos actuales se suceden al ritmo que marca la volatilidad del presente. Los tiempos de paz y bienestar vienen precedidos de crisis y guerras que alumbran políticos de una pasta diferente y en los períodos de decadencia el nivel de la política cae en medio del desmoronamiento general.
Son los estertores de una era y su implosión es el principio de lo que viene. Las seis razones para no saber a quién votar son meros ejemplos de personalidades políticas que forcejean inútilmente en un ambiente de desprestigio e incredulidad. El aire extraño y confuso que anticipa el agotamiento de las democracias representativas.