Todo es un decorado
Se quejan en Venecia de que la suntuosa boda de Jeff Bezos y Lauren Sánchez haya convertido la ciudad de los canales en un decorado. Lo lamento, pero todo depende del dinero que tengas para tu celebración, no hay límite en eso, así que hoteles, barcos, helicópteros y una isla si hace falta.
Acabo de pasar unos días en Roma y los principales puntos de interés se encontraban literalmente atestados, colas interminables de visitantes que parecían ríos alrededor del Coliseo, esperas bajo un calor sofocante para bajar las escaleras de la fontana de Trevi a tirar una moneda, grupos organizados que se chocan unos contra otros en el interior de los Museos Vaticanos.
La experiencia turística de clase media sin medios económicos para contratar visitas privadas y paquetes premium de lujo al alcance de unos pocos. A pesar del barullo, la ciudad eterna conserva un aroma acogedor y sereno, esa antigüedad sabia que consigue extasiarte sin habértelo propuesto de antemano. Bella y seductora Roma.
Pero volvamos a los decorados que nos habitan, shows con efectos especiales para adornar el relato que conviene colocarles a los clientes, y no solo a los turistas noveleros, sino a los que andamos atentos a lo que nos cuentan en las pantallas que consultamos sin cesar.
El teatro de Sánchez, Rutte y Trump en La Haya, cada uno pegado a su papel, al guion que se modifica según la audiencia a la que se dirijan. El Tribunal Constitucional y la amnistía como moneda de cambio para un gobierno moribundo y, fíjense aquí mismo, en el pleno municipal de Arona con actores y actrices de la política que fingen hablar, sentir, decidir, en nombre del pueblo y por el pueblo.
Prefiero el fiestón de Bezos, una desinhibida demostración de superficialidad que se vende como lo que es. Puro y duro decorado.