Urbanismo de Arona, una asignatura pendiente
Esta mañana asistí al encuentro organizado por El Día en el Hotel Villa Cortés, en el que se abordó la actualidad del urbanismo en el municipio aronero y los retos que afronta de cara al futuro.
Me encontré a una nutrida representación del mundo empresarial y hotelero, caras conocidas que acudieron a un acto que, en sí mismo, había despertado cierta expectación.
La alcaldesa Fátima Lemes dio la bienvenida con una breve reflexión sobre una planificación urbanística coherente que necesita proyectarse con una visión a medio y largo plazo, sin dejar de asumir las inaplazables urgencias del presente. Luego comenzó una mesa redonda en la que se hizo palpable la herencia envenenada que ha recibido la actual corporación en la persona del concejal de urbanismo, Javier Baute, que reconoció la enorme dificultad de haber tenido que abordar su gestión “no desde cero, sino desde menos mil”.
En la mesa de debate, Baute estaba acompañado de Francisco Villar Rojas, Catedrático de Derecho Administrativo de la ULL, que aportó indudables notas de sabiduría sobre como la disciplina jurídica no debe entorpecer con trámites eternos y engorrosos la vida de la ciudadanía sino facilitarla. Y a su lado, se encontraba la gran sorpresa de la jornada en la figura de Damián Hernández Fumero, jefe del Servicio de Disciplina y Gestión Urbanística del Ayuntamiento de Arona. No es nada habitual y, de hecho, yo calificaría este hecho de histórico, que un técnico salga de las sombras y aparezca en un foro de este tipo para hablar en público, cosa que siempre ha sido tarea exclusiva de los políticos que dan la cara para que se la partan mientras les dan palmaditas en la espalda.
Entre el público asistente se respiraban, a partes iguales, interés y escepticismo por conocer de primera mano y no de oídas, lo que esta pasando en el urbanismo de Arona. Damián aprovechó sus turnos para realizar largas y sesudas exposiciones, metáforas incluidas, que hablan bien de su conocimiento en materia urbanística, pero eso, aun siendo positivo, está muy lejos de ser suficiente.
Lo que alguien llamó el gobierno de los funcionarios que lleva demasiados años incrustado dentro del gobierno municipal y trabajando -paralizando- los miles de expedientes acumulados, es la verdadera clave de bóveda de este vergonzoso asunto.
Las razones del desastre son variadas y complicadas de descifrar, y forman parte de una dinámica negativa que Arona sigue arrastrando. Las guerras políticas, las rencillas personales y la judicialización de la política aronera han resultado muy perjudiciales y son cómplices de una mentalidad que se justifica y retroalimenta en los consabidos “no se puede hacer”, “esto es muy difícil”, “no hay personal suficiente”, “no tenemos medios”, “es un problema complejo” y todos los noes que Javier Baute, desde la humildad, pero con firmeza y ahínco, trata de embridar.
El urbanismo de Arona acaba de aprobar algunos de los exámenes pendientes que muchos políticos -y técnicos- irresponsables, nefastos y tóxicos suspendieron en el pasado, pero se enfrenta al reto gigantesco de mantener la nueva senda marcada sin que la tradicional “inestabilidad” política devuelva a Arona a la ampulosa mediocridad que enorgullece a los enemigos de que se obre el milagro. Una concejalía abierta, eficaz y transparente que empieza a ganarse la credibilidad que otros enterraron para siempre.