Vito Quiles y la bronca nacional

Vito Quiles se presentó en las dos universidades canarias para demostrar de lo que es capaz un provocador oportunista en estos tiempos de vacío intelectual. A la cita acudieron los anti otros bien concienciados de que debían dejar claro que al bando contrario se le gana con gritos y consignas que compiten en frívola imbecilidad. La verdad es que no tengo claro si alguien les explicó a los policías nacionales allí presentes quienes eran los fascistas y los anti fascistas aunque yo tampoco lo sé muy bien. Me pregunto si esta gente que grita y porta banderas o anti banderas sabe realmente de lo que está hablando.

 

Lo más probable es que desconozcan la historia porque aún no habían nacido o, simplemente, se apuntan a un bombardeo que tiene más de postureo para las redes sociales que de verdadera conciencia política.

Lo único que importa es seguirle el juego a un niñato sin escrúpulos que necesita tanto la presencia de sus seguidores como de sus enemigos declarados, porque si no, el acto resultaría muy aburrido y no cumpliría con su ratito de gloria. Se trata de anunciar que va a haber jaleo, que la vamos a liar, hacer ruido para que todo sea ruido y pelea entre los muy fachas españoles y los muy anti españoles fachas. Este circo consagra la estupidez de un número importante de personas jóvenes, maduritas y ancianas que se suman al carro de la intolerancia, sin hacer una mínima reflexión sobre sus consecuencias. A los unos y a los anti unos, les recomiendo una frase que pronunció Unamuno en 1936, bueno, primero tendrán que consultar en internet quién fue Unamuno; y que sentenciaba lo siguiente: “Venceréis, pero no convenceréis”. Son esta clase de lecciones las que a lo mejor podrían introducir un fisco de inteligencia en las arrogantes y orgullosas cabezas manipuladas por la propaganda.

Se creen que acaban de inventar la pólvora con ideas que pretenden ser ocurrentes y que, en realidad, copian y pegan los patrones de los populismos de derechas y de izquierdas. Vito Quiles es el prototipo de herramienta pseudo periodística programada para excitar a una jauría de perros rabiosos que se ladran a ambos lados de una valla inventada. Vamos a embroncarnos para que todo el mundo lo vea, ejerza su derecho a opinar fieramente, o incluso se anime a venir a la próxima bronca.

No hacen falta razones, no hace falta pensar antes de golpear. Ahora toca odiar.