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jueves, 20 de junio de 2024 23:31h.

Volver a pensar

La inasumible cantidad de información que manejamos merma nuestra capacidad de análisis crítico. Desde la más tierna infancia nos educan dentro de unos determinados marcos mentales y eso hace que generemos prejuicios y que vomitemos opiniones sobre cualquier tema como si fuéramos expertos cualificados. A la influencia que ejercen nuestros padres y el entorno en el que vivimos, se añaden las disciplinas académicas que modelan nuestra personalidad y la visión que tenemos del mundo.

Se trata de un proceso de renuncia a nuestro verdadero yo, o al menos, al yo que podríamos construir en virtud de una búsqueda libre de contaminantes externos. Como dice la cantante Concha Buika en una entrevista reciente, preferimos realizar los sueños de otro y cobrar el cheque, en vez de enfrentarnos a la dura tarea de luchar por nuestros propios sueños.

Resulta muy cómodo dar por sentado que tenemos que ser de izquierdas o de derechas, que hay que elegir bando en todo momento, cuando lo más sensato sería ir más allá de un pensamiento estático y corto de miras. El cerebro humano evoluciona y cambia, los imperios caen, el estado de las cosas nunca permanece igual, pero nos empeñamos en mantener posturas irreconciliables con el regalo de la duda, con la reflexión sosegada sobre nosotros mismos y los acontecimientos que nos rodean.

Tenemos miedo y nuestra sociedad, la tribu digital, amplifica esos terrores a reconocernos desde la comprensión y la resiliencia. Las palabras buenistas y solidarias dan paso al egoísmo acostumbrado nada más ser pronunciadas. La ciencia avanza, el desarrollo es imparable, pero nuestra conciencia sigue maniatada por la soga de la manipulación que aceptamos para escapar de nuestra responsabilidad.

Es más fácil eludir las dificultades, evadirse de la frustración y adoctrinar en lugar de pensar y volver a pensar.