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miércoles, 06 de julio de 2022 00:03h.

Disputa eterna en Tenerife

No se sabe si es un mal fario, una estrategia perfectamente orquestada que paraliza todo, para no hacer adrede nada o simplemente, indolencia, por no saber, menos querer o no poder, por incapacidad personal, falta de talento, estudios suficientes o incapacitación profesional. Lo real es que, en nuestra isla, no sale nada adelante, por las eternas desavenencias entre todos. Parece que es una característica genética de nuestro carácter, pero no es cierto, la verdad es que tristemente conforma una realidad salida del egoísmo, partidismo de muchos responsables públicos, que no ven más allá de su ideología y las ganancias que puedan obtener, durante cuatro años que van a ocupar un cargo.

 

Es buscar vivir de la política, porque fuera no se tiene nada y hace mucho frio, son los suéldogos, que cada cuatro años se acuchillan, metafóricamente, para salir en puestos de salida en las respectivas listas electorales de los distintos partidos políticos.

Se juegan sobrevivir económicamente por un periodo que les da cierta tranquilidad personal y familiar.  Habría que hacerle caso al filósofo francés Joseph Antoine René Joubert, cuando sentenció, “como la dicha de un pueblo depende de ser bien gobernado, la elección de sus gobernantes pide una reflexión profunda”.  

No hay manera que se pongan de acuerdo en sacar adelante los proyectos estratégicos de la isla, que beneficiarían al conjunto de la sociedad, porque cada cual no se baja de su posición altanera, intereses partidistas o sus conveniencias o enemistades personales. No todos son iguales, hay excepciones, pero la mayoría se quedan retratados.

Después tenemos a los “salvadores de la patria”, con banderas reivindicativas, gastadas en batallas pérdidas una tras otra. Son esos funcionarios en activo, en excedencia o jubilados que, cobrando sus buenos y suculentos salarios a final de mes, así como alguna que otra prebenda, encima tienen tiempo para dedicarse, en cuerpo y alma, a salvar el mundo, incluso a los escarabajos, sus amigos entrañables.

Es el noismo. Con toda su parafernalia, ya cansina, de asambleas, acampadas, por cierto, donde siempre van los mismos, porque no importa la reivindicación en concreto, sino que hay que estar por seguimiento ciego a una ideología, que se traduce en lo que se denomina el “pensamiento único”, que inteligentemente destripa el psicólogo Luis Vallester al decir, “si tus pensamientos y acciones son manipulados; en sí no eres un ser individual, si no un individuo condenado por el pensar ajeno”.

La parálisis de Tenerife tiene un tercer eslabón, que ocasiona tanto daño, como los dos anteriores. Sin querer generalizar, todo lo contrario, porque son inmensamente minoritarios. Nos referimos a esos profesionales de distintos campos académicos, verdaderos tótems, que son reverenciados, eminenciados y altarizados, por algunos de sus compañeros de profesión, que los convierten en referentes irrefutables de lo que hay que decir, hacer o parar. Sus opiniones son irrebatibles, están por encima del bien o el mal, para eso, son los más listos que nadie.

Polemizan más que los filósofos de la Grecia clásica.  Entonces aparece su secuela, es decir o se ejecutan las obras, cuando, donde y como quieren ellos a su antojo o ponen todas las trabas teóricas, filosóficas, técnicas, para que lo que haya hecho o trabajado un compañero no salga adelante, es simplemente, su prurito egocentrista. 

Así no avanzamos, Tenerife, está inmersa en una permanente polémica entorpecedora, por figureos individuales, que la inmoviliza y estanca. La discusión permanente, lleva a la inacción. Lo que se necesita es dejar de hablar y actuar en singular, poniendo el plural como prioridad.

Oscar Izquierdo
Presidente de FEPECO